domingo, 17 de enero de 2016

La relación simbiótica entre lengua e individuo libre

Siempre es poco el conocimiento personal, siempre es insuficiente, es apenas un haz de luz que cruza con timidez la espesa penumbra de nuestra propia ignorancia, negra como la pez, vasta como la nada. Pero este parvo saber que raya en la inopia es, sin embargo, motivo de sentimientos encontrados: nos aflige la oscuridad a la vez que nos alegra el más mínimo hallazgo, nos impacientan las tinieblas a la vez que nos conforta la refulgencia de las cosas nuevas, sobre todo de aquellas que se nos aparecen sin haberlas buscado. 

Escribí lo anterior inmediatamente después de encontrarme por primera vez con Friedrich Schleiermacher (1768-1834), al que conocí mientras leía un sabrosísimo ensayo sobre Moby Dick escrito por Fernando Velasco Garrido, genial traductor (El lardo es el lardo, se titula el opúsculo acerca de la novela de Melville).

Velasco Garrido cita a Schleiermacher para subrayar y explicar el valor de Moby Dick como hito de la lengua inglesa. Pero las palabras del alemán me distrajeron y me invitaron a buscar en internet el texto original…

Transcribo un pasaje de Sobre los diferentes métodos de traducir, escrito por el teólogo y filósofo alemán en 1813. Mi propósito al reproducir este fragmento es dar un ejemplo de la alegría que me provoca la aparición en mi vida de una persona que no conocía, del entusiasmo que me regala el hallazgo de una idea que hasta hace unos días no estaba en mi mente y de la jubilosa sensación de vigencia que brota frente a un texto que tiene doscientos años de haber sido escrito.

Lo que sugiere Schleiermacher en el mencionado opúsculo –y con lo que mi corazón coincide- es que la lengua es la fuente de la condición humana, no hay nada humano fuera de ella; sin embargo, el individuo libre tiene también, al pensar libremente, la posibilidad de alimentar la lengua y decir “algo” que merezca escucharse.

Las afirmaciones de Schleiermacher son, a propósito, beneficiarias de Giovanni Pico della Mirandola, quien en 1486 entregó al mundo su Discurso sobre la dignidad del hombre, pieza maestra y cumbre del espíritu renacentista.

Pero vayamos, pues, a Schleiermacher...

“Todo ser humano está, por un lado, en poder de la lengua que habla; él mismo y todo su pensamiento son fruto de ella. No puede pensar, con completa concreción, nada que se halle fuera de los límites de ella; la forma de sus conceptos, la naturaleza y los límites de sus posibilidades de combinación le vienen predeterminados por la lengua en la que ha nacido, y en la que se ha educado; la razón y la fantasía se hallan determinadas por ella. Por otro lado, sin embargo, todo ser humano que piense de forma independiente, y que posea autonomía intelectual, a su vez, también forma la lengua (…). En este sentido, pues, es la activa energía del individuo la que crea –originalmente sólo con el fin transitorio de comunicar un estado pasajero de la conciencia- nuevas formas en la dúctil materia de la lengua, de las cuales, sin embargo, perdura en la lengua unas veces algo más; y otras, algo menos; algo que, por su parte, recogido por otros, sigue extendiéndose y desarrollando su fuerza creadora. Es más, puede decirse que sólo en la medida en la que uno influye de esta forma en la lengua, merece ser escuchado más allá de su propio ámbito inmediato.”

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miércoles, 28 de octubre de 2015

La implementación del universo


Llevo varios días buscando una manera clara de explicar por qué rechazo la palabra implementación, pero no encuentro cómo hacerlo, así que voy a uno de mis cuadernos de notas y transcribo descaradamente tres fragmentos del artículo La educación y la palabra, que don Manuel Pérez Rocha publicó en La Jornada del jueves 6 de marzo de 2014:

Implementación es un anglicismo inservible para nuestra lengua. Por supuesto, hay anglicismos que la enriquecen; pero éste, lejos de arrojar luz, genera oscuridad. 

Implementar es una palabra manoseada en los medios empresariales, en la televisión, en la publicidad, en la administración. Pero el término implementar es no sólo innecesario, su empleo genera confusión. Quienes lo usan olvidan que un implemento es una herramienta, un utensilio, de modo que, en todo caso, implementar debería usarse para indicar la acción de proporcionar herramientas, dotar de equipos (por ejemplo microscopios y matraces a un laboratorio), no como sinónimo de aplicar o poner en práctica un proyecto o una norma.

(…)

Por supuesto, este argumento no pierde valor por el hecho de que la Real Academia Española haya incluido la palabra implementar en su diccionario. No es este el primer traspié de esos señores, pero éste es mayúsculo. Véase lo que del verbo implementar dice ese diccionario:  

Poner en funcionamiento, aplicar métodos, 
medidas, etcétera, para llevar algo a cabo

La inanidad de esta definición es patente. Para los académicos implementar es cualquier acción (¡incluyen un etcétera!) para llevar a cabo algo. De modo que, por ejemplo, al poner en funcionamiento mi auto, lo implementé y cuando el médico aplica una inyección, la implementó.

(…)

La reforma educativa tiene que poner en un lugar principal el lenguaje, el amor por el lenguaje.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Los exalumnos y los ex alumnos



Como prefijo, ex significa “fuera” o “más allá”, con relación al espacio o al tiempo. Extemporáneo (fuera de tiempo), excéntrico (fuera del centro), exaltar (colocar más allá de lo alto).

Como todo prefijo, este EX va pegado al lexema.  Por lo tanto, si escribimos exalumno, lo que estamos diciendo es que dicha persona está fuera o más allá del alumno, cuando en realidad lo que queremos decir es que esa persona fue alguna vez alumno y dejó de serlo; de ninguna manera queremos decir que esa persona está fuera de sí o más allá de sí, porque nadie es alumno ab ovo.

Idea para película de terror. Una mujer joven pare un bebé, y la partera que recibe a la criatura dice: ¡Felicidades, muchacha, es un alumno! El alumno recién nacido suelta el llanto y de su boca escapan íncubos y súcubos. Uno de ellos se posa sobre la cabecera de la cama, y la partera dice, divertida: ¡Mire, señora, un exalumno! Déjeme traer el insecticida.
 
A propósito. En nuestro patológico nacionalismo las mujeres mexicanas no dan a luz niños o niñas, sino soldados. Pero eso es harina de otro costal.

La misma preposición latina ex puede ser utilizada en español como adjetivo, para referirnos a lo que fue y ha dejado de ser tal. 

Con el propósito de no confundir el adjetivo con el prefijo, conviene mantenerlo separado del sustantivo al que está calificando, como en los siguientes casos: ex alumno, ex presidente, ex combatiente.

domingo, 22 de junio de 2014

Egomento



Para trasladar al español el neologismo selfie, podemos valernos del vocablo autorretrato, que registra el DRAE desde antes del surgimiento de las cámaras fotográficas en los teléfonos celulares. Pero ese hecho, su antelación, vuelve a dicha palabra poco atractiva socialmente: el hablante común supone, equivocadamente, que un retrato se refiere sólo al que se obtiene en el arte pictórico y no con la fotografía. Digo que tal creencia es errónea porque retrato viene del latín retractus, participio de retrahere (volver atrás, revivir).  Por consiguiente, la fotografía también retrata.

Sin embargo y ante la aceptación del anglicismo crudo selfie en el habla mexicana, propongo otro neologismo: EGOMENTO, voz que sabrá competir y alcanzar el éxito, si sabemos difundirlo a través de las las redes sociales.

EGOMENTO está formado por la voz latina ego (yo) y el sufijo –mento, que añade a dicha voz el valor de acción y efecto, pero que además produce evocaciones afortunadas (momento y monumento) y la vuelve, en segunda instancia, una palabra-valija (como las del Jabberwoky carrolliano).

Escrito lo anterior, podemos definir EGOMENTO de tres maneras, ninguna de las cuales excluye a las otras: 

1. Momento del yo
2. Monumento a mí mismo 
3. Autorretrato

viernes, 12 de abril de 2013

Acción y efecto de emprender


Las formas emprendurismo y emprendedurismo son adaptaciones fallidas de entrepreneurship (voz basada en el francés entrepreneur). En los avances de la vigésima tercera edición de su diccionario, la Real Academia de la Lengua Española incluye el vocablo EMPRENDIMIENTO, acción y efecto de emprender (acometer una obra) y cualidad de emprendedor. Por lo mismo, sugiero utilizar esta forma. En todos los casos (inglés, francés y español), es del latín de donde surgen empresa, emprender, emprendedor y emprendimiento.

martes, 11 de diciembre de 2012

Implementar


Que de la boca del amante sediento salgan blasfemias y voces inauditas, siempre es bueno; que el poeta desplume palabras, siempre es bueno; que la verdulera ande con sus jerigonzas, siempre es bueno; que la colegiala se contonee con su insolente criptolalia, siempre es bueno. ¿Pero podemos admitir sin chistar las imposiciones de la jerga administrativa?

De que se puede, se puede; pero no veo en ello algo bueno. Y aunque la Real Academia Española ya lo ha admitido y el maestro José G. Moreno de Alba lo encuentra inofensivo, yo me siento muy incómodo ante el anglicismo/neologismo implementar, cuya frecuencia de uso compite con el güey de los creativos de la publicidad y la mercadotecnia.

-¡No, güey! Hay que implementar el programa, güey.
-¡Sí, pero antes tienes que brifearme, güey!

¡Y estos güeyes se la pasan implementando todo, güey! Ya nadie realiza, nadie lleva a cabo, nadie efectúa, nadie cumple, nadie aplica el programa… ¡Todos lo implementan! Y si los dejamos, van a implementar su manerita de hablar en la realidad entera.

-El viernes implementaré una cena en la casa. Me gustaría que asistieran tú y Asdrúbal.
-Mañana se implementará la convención de artistas de papiroflexia en Waikiki. Cancele todas mis juntas, Purita.
-El domingo se implementará la liberación de los rehenes. Pégame por última vez, mi amor; y yo te escupo.

Dejo para gente más capaz el estudio etimológico del sustantivo implement y del verbo to implement. Me limito aquí a transcribir lo que anota el Online Etymology Dictionary.

implement (n). mid-15c., from L.L. implementem “a filling up” (as with provisions), from L. implore “to fill” from assimilated form of in- “into, in, on, upon” + plere “to fill”. Sense of “tool” is 1530s, from notion of things provided to do work, that which “fills up” or “completes” a household (c.1500).

implement (v.). 1806, originally chiefly in Scottish, where the noun was a legal term meaning “fulfillment”, from implement (n.). It led to the wretched formation implementation, first recorded 1913.

José G. Moreno de Alba, por su parte, no ve en implementar un anglicismo sino un neologismo generado por el sustantivo implemento (utensilio), que sí es un anglicismo (su origen inglés es registrado por el DRAE en la edición de 1984, señala el gramático). Esta delgada diferencia -parece sugerir don José- otorga a implementar cierta condición criolla que lo legitima.

El argumento de Moreno de Alba es que actualmente no se utiliza implementar como sinónimo de realizar, llevar a cabo, efectuar, ejecutar o cumplir, más que en contextos determinados, sino que su uso está asociado a verbos como organizar, preparar, componer, juntar las diversas parte de algo.

Yo tengo otra opinión, nacida de una sospecha: que se me hace que los usuarios de implementar no saben a ciencia cierta lo que están diciendo al incluir en sus enunciados implementaciones y sinergias a tutiplén, cuando bien podría el departamento de Recursos Humanos aplicar una serie de medidas que garantice la armonía entre los trabajadores.

Digo yo.

viernes, 7 de diciembre de 2012

To apply no es aplicar


To apply  significa solicitar, presentar(se), postular(se). Application debe traducirse como solicitud, formulario de ingreso o candidatura.  Mal hacemos cuando, al querer traducir to apply, escribimos aplicar.

Lo más triste es que esta torpeza se ha vuelto práctica común en las instituciones de educación superior.

En español, aplicar significa poner una cosa sobre otra o en contacto con ella para conseguir un fin determinado. Asimismo, aplicar puede usarse cuando se emplea un concepto general en un caso particular. Van a continuación dos ejemplos, uno para cada caso:

-Aplique usted el ungüento sobre la excoriación. ¡Y no vuelva usted a hacer eso, señora! 

-Podemos aplicar la historia del asno de Buridán a lo que experimento cuando miro a estas dos señoritas.

Es injustificable (como bien lo señala Jaime Correa en su bitácora El español sin misterios) hablar de estudiantes que aplican para una beca, cuando en realidad esos estudiantes están postulándose, están concursando por una beca o están llenando el formulario de solicitud… ¡Lo que sea, menos que dichos jóvenes están aplicando quién sabe qué! Porque, para colmo de males, aplicar se usa en estos casos como si fuera un verbo intransitivo:

-¿Ya aplicaste?
-¡No, mano! El baño está ocupado.
-¿Qué?
-¿O qué me preguntaste?

Seamos ingeniosos, ocurrentes y creativos, porque nuestra lengua es una mina de oro. La indolencia de hablantes y escribidores es lo que deja a una lengua en situación de vulnerabilidad frente a los embates de un mundo que tiene prisa por acabar con ella.

Y a propósito de aplicaciones, hablemos un poco de las famosas app’s.

Nuestra lengua, como muchas otras, vive tiempos difíciles. Debemos mantenernos en amorosa alerta, sin que esta actitud nos distancie de un mundo empeñado en dar a lo nuevo nombres comunes a todas las lenguas (el sueño de una lengua franca, el deseo de una  lingvo internacia –posibilidad que no acaba de convencerme, porque a veces pienso que sus principales promotores están buscando una lengua general para que las órdenes de los cerdos capitalistas sean cumplidas con diligencia y prontitud). Como desde hace mil años, el español experimenta cambios y sabe adaptarse a ellos, pero corresponde a cada uno de nosotros (sus hablantes, sus escritores, sus amantes) aceptar lo que enriquece y rechazar lo que empobrece.

Las nuevas tecnologías nos obligan a utilizar vocablos aparentemente extraños para poder entendernos con el resto del mundo. Es en este contexto donde aparecen las famosas app’s, pequeños programas o aplicaciones informáticas que realizan funciones específicas y que permiten ofrecer a las instituciones y las empresas nuevos servicios de información y contenidos a su respectiva comunidad a través de teléfonos móviles y tabletas.

App es metaplasmo de application, cuyo origen es el latín applicatio. Curiosamente, la doble pe del latín se conserva también en francés (application) y en italiano (applicazione), mientras que el español reproduce sólo una vez el fonema consonántico (aplicación). Por otro lado, la cómoda elisión (app/lication/s = app’s) no está dentro de nuestras prácticas lingüísticas consideradas cultas. Entonces, llamémoslas aplicaciones o busquemos un nombre que nos guste y que las explique sin sombras de duda: Chingaderitas.

-¡Ya salio la nueva chingaderita para tu teléfono celular! ¡Adquiérela ya!